La banalidad del mal: un efecto de la mecanización de la vida y la falta de reflexión.

El concepto de banalidad del mal fue acuñado por la filósofa alemana Hannah Arendt en obras como El origen del totalitarismo o Eichmann en Jerusalén. En el caso del libro sobre Eichmann, Arendt señala como personas aparentemente “normales”, capaces de disitinguir en su vida diaria entre el bien y el mal, son capaces de realizar acciones monstruosas, como participar en el holocuasto judío, sin sentir ningún remordimiento. El conformismo con las órdenes, la pasividad y la falta de reflexión parecen ser la causa de estas conductas tal y como muestran los experimentos de Milgram sobre la obediencia.

A lo largo del curso también hemos hablado de la moral obtusa, necesaria para el sistema económico capitalista en el que las personas se limitan a ser objetos que propician o estorban nuestros proyectos. Por ejemplo, Martha Nussbaum señalaba que: “La libertad de pensamiento en el estudiante resulta peligrosa si lo que se pretende es obtener un grupo de trabajadores obedientes con capacitación técnica que lleven a la práctica los planes de las élites orientados a las inversiones extranjeras y el desarrollo tecnológico” (Sin fines de lucro, pág 43) o también: “los especialistas en educación para el crecimiento económico no se limitan a hacer caso omiso de las disciplinas artísticas y humanísticas. En realidad, les tienen miedo,
pues el cultivo y el desarrollo de la comprensión resultan especialmente peligrosos frente a la moral obtusa, que a su vez es necesaria para poner en práctica los planes de crecimiento económico que ignoran la desigualdad. Resulta más fácil tratar a
las personas como objetos aptos para ser manipulados si uno nunca aprendió a vedas de otra manera. En palabras de Tagore, el nacionalismo agresivo necesita embotar la conciencia moral y, en consecuencia, necesita personas que no reconozcan lo individual, que hablen una jerga grupal, que se comporten como
burócratas dóciles y que también vean el mundo como tales. El arte es un gran enemigo de ese carácter obtuso” (Ibidem, pag 46).

En el  mismo sentido, Albert Einstein cuando le preguntaron por qué la noble búsqueda de las leyes de la naturaleza terminaba en el horror de la bomba atómica contestó: “Creo que la terrible caída en la actitud moral del hombre tiene que ver, ante todo, con la mecanización y la despersonalización de nuestra vida”.

¿Hasta qué punto se manifiestan hoy la mecanización y la despersonalización de nuestra vida? ¿Puedes poner algún ejemplo? ¿Qué se puede hacer para evitar la mecanización y la despersonalización? En el siguiente enlace tienes el primero de los cinco vídeos de cuatro minutos sobre la banalidad del mal según Hannah Arendt.

 

 

 

Esta entrada fue publicada en Educación para la ciudadanía. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s