San Jerónimo flagelado por dos ángeles. El rechazo del saber pagano en nombre de la fe

En la sacristía de Guadalupe Zurbarán pinto este cuadro que ilustra una visión de San Jerónimo, el sabio traductor de la Biblia al latín, cuya moraleja es la vanidad del saber pagano. La visión de San Jerónimo fue la siguiente:

El santo narra a su querida discípula Eustoquio que se llevó consigo a Roma su biblioteca y que pasaba largos ratos leyendo a Tulio, a Cicerón y a Plauto, prefiriendo su estilo elegante al del de los profetas. Engañado por el demonio, descuidaba entonces la lectura de la Biblia. “En tanto que desta suerte burlava de mí el astuto y viejo serpiente, en medio ya casi de la Quaresma, se lancé en mis huessos y médulas una fiebre tan ardiente, apoderándose con tanta fuerca de mi cuerpo flaco y descaído, que sin darme un punto de descanso, ni hazer pausa, de tal suerte consumía mis miembros, que parece cosa increyble [… ] fui súbitamente arrebatado en espíritu, y llevado delante el tribunal del Iuez; donde era tanta la claridad, tanto el resplandor que salía de todos los q. Allí estavan presentes, que derribado en tierra, jamás osé alear los ojos. Fui preguntado de mi condición yestado.
Respondí libremente, que era Christiano. Mientes, respondió el que presidía en aquella audiencia, q no eres Christiano, sino Ciceroniano, que  donde está tu tesoro, allí está tu coracón. Enmudecí al punto, y entre los acotes (mandome acotar el Iuez) mucho más me atormentava el fuego de mi conciencia, y entre mí estava tratando aquel versillo: ‘En el infierno, Señor, ¿quién te confessará ni alabará?’ Comencé a llamar, y a dezir, llorando: ‘Señor, apiádate de mí; Señor, ten de mí misericordia’. Esta sola boz se oía entre el ruydo de los acotes. Al fin los que estavan presentes se pusieron de rodillas delante el Iuez; rogándole con mucho afecto perdonasse mi culpa, que é:ra de moco, y diesse lugar para
emendar el yerro con la penitencia: y que si después tornasse a leer los libros de los Gentiles, me castigasse con mayores tormentos. Yo que me vehía en tan estrecho punto, de buena gana prometiera aún cosas mayores, comencé a jurar mil vezes, y hazer protestes, y a poner su santo nombre por testigo, diziendo: ‘Señor, si tuviere de aquí adelante los libros de los Gentiles, si les leyere, ni viere, di que te negué’. Al punto que hize este juramento y
protesta, me soltaron. Torné en mí y abrí los ojos, estando todos maravillados, yo tan bañado en lágrimas del dolor, que a qualquier incrédulo fueran bastante testimonio de mi trance?’

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Una respuesta a San Jerónimo flagelado por dos ángeles. El rechazo del saber pagano en nombre de la fe

  1. kott dijo:

    ortografía horrible

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